Desde que tengo memoria, recuerdo todas y cada una de las historias que me contó mi abuela Mirtala, ella era pulcra y leal, una madre ejemplar, tanto que da gusto oir a mi mamá y a mis tíos hablar con tanta devoción de su madre. ¡Es que mi mamita era única!, dicen ellos. Y lo era, de esas abuelitas que uno no quiere que se mueran nunca. Lo triste fue no alcanzar a llegar cuando cerró sus ojitos. Pero recuerdo sus historias, oscuras y misteriosas, chuscas y envidiables. ¡Clemencia, abuelita!
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